lunes, julio 20, 2009

Cuando recibir regalitos es un dilema moral

“¡AtenciónDoctor! Este es el mejor medicamento para…”, o “¿Recuerda usted el nombre de nuestro producto para el dolor, el mejor de todos?”, son dos de las frases que nos son familiares a los médicos, dado que forman parte de la típica promoción de medicamentos.

Los médicos, por lo menos en Bolivia, recibimos al día, como mínimo, a dos promotores de ventas de la industria farmacéutica, y lo hacemos, además, en el tiempo en que deberíamos estar atendiendo pacientes, para justificado enojo de éstos.

Las visitas de los promotores incluyen la explicación de las bondades de sus productos, acompañadas raramente de datos provenientes de algún estudio científico, pero con bastante frecuencia del regalo de material promocional (por ejemplo, bolígrafos) y, por supuesto, del obsequio de las infaltables muestras médicas. Pero en otras ocasiones la promoción incluye compensaciones directas por la prescripción de un determinado producto, cenas gratis, viajes a congresos o bien, la subvención de oportunidades de formación.

El asunto es el aspecto ético de esta promoción. ¿Influye en la prescripción de determinados productos? ¿Distorsiona la objetividad del médico? ¿Preserva la independencia de juicio que debería respetar la voluntad y capacidad de elegir del paciente? ¿Busca el bien del paciente? Un estudio realizado en Cataluña, España, muestra que la mayoría de los médicos considera que no hay falta ética en recibir regalos o invitaciones inocentes. Pero esta opinión, que me parece ingenua, es sólo uno de los posibles puntos de vista, y uno de los menos imparciales, además.

Si consideramos que la industria farmacéutica es, de todas las grandes industrias, la que más invierte en la promoción de sus productos –24% de sus ventas se destinan a este fin, comparado al 13% que invierte en investigación, o al 15% que la industria cosmética utiliza para promoción— resulta obvio que las actividades de difusión no son inocuas. Tienen el fin de promover ventas, no es hacer el bien a los enfermos su fin primordial.

Cabría plantear un código ético de los profesionales de salud respecto a la industria farmacéutica. Un código ético que como punto de partida incluya la obligación de recetar con el nombre genérico y casi nunca con el nombre comercial. Pero que pudiera responder también a una serie de preguntas sencillas como ejercicio de reflexión acerca de la moralidad de nuestras decisiones como profesionales:

¿Qué pensarían mis pacientes acerca de este regalo? ¿Qué pasaría si la recepción de obsequios se hiciera pública? ¿Cómo me sentiría si esa relación y aceptación de regalos u otros fuera publicada en la prensa? ¿Cuál es el propósito de estosl ofrecimientos de la industria? ¿Qué pensaría yo si mi médico aceptará regalos u otros beneficios, o lo hiciera el médico de mi madre?

Será necesario comenzar por dejar atrás una algo interesada ingeguidad y asumir como real que lo que la industria farmacéutica da nunca es gratis.

-Links de interés sobre el tema:
- Un excelente blog sobre el tema de la industria farmacéutica:
Amor, Humor, Acción
- Acción Internacional por la Salud
-Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas
-Un video sobre el abuso de la prescripción

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(fotografía tomada de Weblogs: compromiso social por la ciencia?)

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Si usted fuera policía o político, ya hubiera mirado con suspicacia los "regalitos" que hubiera podido aceptar. Pero usted es médico, y me importa algo menos que nada el que usted reciba regalos, es mas, mirando las cosas como paciente, hasta me alegraría que una persona dedicada a trabajar por la salud de los enfermos recibiera las compensaciones que a lo mejor los pacientes, aún queriendo, no le podrían ofrecer.

Me parece que existen mejores dilemas éticos a los que dedicarse. Usted no está obligado a recetar tal o cual medicamento aún cuando la industria farmacéutica le haya dado regalos (desde bolígrafos hasta viajes de placer). No existe un compromiso, ni siquiera tácito en el que usted comprometa su integridad a favor de la industria farmacéutica.

Por otra parte, la industria de los medicamentos es precisamente eso, una industria. Trabaja por dinero, su interés primordial es la ganancia (como cualquier empresa, sea de alimentos, sea de la construcción, inclusive, las casas que fabrican el vino para la misa lo venden, no regalan las botellas por mas pobre que pueda ser una parroquia -todavía no conozco una diócesis que regale las hostias a sus párrocos-) así que no podemos juzgarlas como si fueran institutos de caridad que se han desviado de sus objetivos, porque la caridad nunca ha estado entre sus líneas fundamentales.

Yo conozco las bondades de los "genéricos" aún cuando no todos los medicamentos tienen la alternativa genérica, lamentablemente.

Su integridad como médico debería inclinarse también hacia el beneficio económico del paciente (costos menores) (y perdone usted que le diga cómo tiene que hacer...no es mi intención). En eso, al menos yo estoy claro y no veo porqué ponerse problemas éticos... no soy un perrito faldero que responde a la voz de la industria farmacéutica. Me basta con oir la voz de Dios, que es quien aclara las dudas que pueda tener.

Saludos

Daniel Mercado dijo...

Anónimo: Casi nunca respondo anónimos, pero hago la excepción por lo grave de las afirmaciones con que pretende refutar mi preocupación.
En primer lugar, la existencia de empresas, profesiones o instituciones, se legitima por el cumplimiento de su función social. El de una empresa no es ganar dinero, sino ofrecer productos que cubran necesidades o, dado el caso, placeres. Una empresa de salud tiene por fin el bien del paciente, la recuperación de su salud. Si esto se distorsiona y lo importante deja de ser la persona y sólo es el dinero, eso se llama corrupción.
No despreciaría un dilema ético como este, pues debe saber que si yo, médico, por congraciarme o recibir un beneficio, me inclino a recetarle a usted, no de acuerdo a mis mejores conocimientos, sino a mi conveniencia, lo perjudico. SI usted sospecharía de un político que recibe regalos de una determinada empresa, lo haría porque sospecha que utilizará recursos públicos para favorecer a esa empresa. Aunque, como usted dice, el se hallara "libre" de contratar a la empresa que sea la mejor. Eso se llama soborno, amigo mío, y consiste no en obligación sino en la dependencia que crea de esos "favorcitos", que degeneran en chantaje.
Cuando hablo de recetar en genérico quiere decir que le doy al paciente la posibilidad de elegir qué marca comprar o comprar elmedicamento sin marca, si receto con el nombre comercial le estoy indicando qué medicamento comprar, coartando su libertad de elegir según su preferencia o interés.
Finalmente, le recomiendo leer dos artículos de divulgación acerca del tema que le podrían ilustrar sobre las dimensiones de este dilema ético que usted considera de importancia muy menor.:
http://www.fespinal.com/espinal/llib/es141.pdf
http://www.thehastingscenter.org/uploadedFiles/Publications/Briefing_Book/conflict%20of%20interest%20chapter.pdf

Anónimo dijo...

Mi estimado:

En primer lugar me parece un contrasentido el que afirme que de ordinario no responde anónimos cuando usted permite los comentarios anónimos en su blog. Creo que en aras de la tolerancia, la discriminación de los comentarios debería hacerse entre los que ofenden y los que buscan el debate de las ideas, provengan de quien provengan.

No me parece justo que meta en un mismo saco a las empresas con las profesiones (estas últimas sí se legitiman por su razón social, en cambio las primeras, por su razón mercantil, están orientadas a los beneficios económicos de socios y empleados) Las empresas están para ganar dinero, tenemos que ser pragmáticos y reconocer esta realidad; claro que ofrecen productos que cubran las necesidades, pero los ofrecen por un precio, y si el precio no se paga, pues las necesidades no se cubren. No podemos juzgar una empresa como una entelequia proveniente de la reflexión filosófica, sino como una realidad enmarcada en una doctrina económica de costos de producción, beneficios económicos.

Como le dije en mi primer comentario, frente a los regalos usted no tiene ninguna obligación, porque son eso, regalos. Usted se encuentra en la libertad (no de aceptarlos o no) de actuar conforme a su conciencia sin que medien prebendas provenientes de la industria farmacéutica. Otra cosa muy distinta es que la aceptación del regalo lleve expresamente la condición de promover determinado producto; entonces no debe aceptarlo porque entonces sí coarta su libertad.

Daniel Mercado dijo...

Anónimo: Creo que has dado en el clavo, la condición, aunque no sea expresa o explícita, de los regalitos es la de recetar el producto o los productos de determinada línea.
Que los laboratorios farmacéuticos ganen dinero, como a vos, me parece justo, siempre y cuando lo hagan de forma que no comprometan los derechos de los pacientes.

Anónimo dijo...

Mi estimado:

Me parece que está escurriendo el bulto. Los derechos de los pacientes, en este caso son simplemente el problema colateral. El verdadero problema ético, tal como usted lo plantea es la disyuntiva en la que el médico se encuentra frente a los regalos de la industria farmacéutica y si el aceptarlos mengua la capacidad de decidir.

Los derechos de los pacientes me parece que serían un excelente tema para otra oportunidad porque el tema central de esta exposición es el médico y su libertad.

Saludos

aristideseljusto dijo...

Qué negocio es la enfermedad!

Saludos!

zel dijo...

Solo uno, el de recetar y que se obtengan beneficios, pasa aquí y en todas partes, en mi familia hay un médico y una enfermera y los "vendedores" de productos suenan lo mismo que en cualquier otro negocio, ya sabes...

Elia dijo...

aniel:

Me dejo muy preocupada el año pasado cuando asistí a un ciclo de conferencias sobre dificultades de aprendizaje en educación,niños hiperactivos, hiperkinéticos,falta de atención y otras más. Las primeras conferencistas fueron psicólogas, psicopedagogas ellas recomendaban una serie de ejercicios y tratamientos dentro la clase y fuera para esos niños con dificultades, posteriormente dieron sus conferencias un par de neurólogas, donde recomendaron que estos niños con dificultades debían tratarse con algunos medicamentos, en este instante no recuerdo el nombre y finalmente la última conferensista fué una psicóloga que nos mostró un panorama muy alarmante de que en otros países y hasta en el nuestro se estarían en algunos colegios promocionando y suministrando algunos fármacos a estos niños especialmente a los hiperactivos para tenerlos quietos y no den trabajo a la profesora y mucho menos al colegio.
Pero lo más alarmante fué que estos niños que reciben esta medicación a la larga tienen serios problemas de salud (se vuelven locos, asesinan etc).
Esta situación es de mucha reflexión para los médicos y educadores.
Elia