Pueblo vs. ciudadanía
A pesar de que pueblo es un concepto premoderno, es sorprendente comprobar su vitalidad en la esfera de la opinión pública o política, ni siquiera connotados analistas se salvan del uso abusivo del término. Es la voluntad del pueblo, el pueblo es soberano, consulta popular son algunas de las muchas expresiones que oímos o leemos a diario. Preocupante indicador de que nuestra actualidad tenga mucho más rasgos del ancient régime de los que desearíamos.
Pueblo es un término que, por lo menos desde un punto de vista ético, tiene implicaciones reñidas con el concepto de ciudadanía. Mientras ser ciudadano denota ejercicio de derechos, y no es una concesión benévola del gobernante de turno, ser pueblo implica mendigar un favor de alguien que se encuentra en una posición de autoridad mayor que la propia.
La concepción de ciudadanía como distinta a pueblo, por lo tanto, tiene como requisito entender al gobernante o autoridad como servidor público, por esto es preocupante que en el léxico cotidiano de la realidad boliviana, incluso en el que se supone "intelectual", se vaya imponiendo el uso intercambiable de pueblo y ciudadano. Esto traduce el terrible estado en el que se encuentra nuestra autoconcepción más dirigida a sentirnos pueblo, por lo tanto servidumbre, que ciudadanos, sujetos de derechos, capaces de exigirlos y de hacerlos respetar.
La dignidad de las personas necesita, por ello, deshacerse de la pesada herencia que nos hace pensar que el gobernante es un privilegiado. Deberíamos comenzar ya a convencernos que ejercer nuestros derechos lleva implícita la exigencia de reubicar la función de gobierno en la esfera del servicio a la ciudadanía, la que se hace efectiva en la esfera de los derechos, no de los caprichos ni de las dádivas.
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