martes, enero 31, 2012

Ha muerto un poeta del cine

El cine me gusta, pero reconozco que no puedo decir que sepa de cine. En general me inclino por el cine pausado, aquel que cuenta una historia. En consecuencia, también debo decir que detesto, o casi, el cine que sólo busca impresionar, generar emociones tan intensas como pasajeras y epidérmicas, ese que ha renunciado a su capacidad reflexiva y estética, pero que está tan difundido y se ha hecho tan presente que se hace necesario recordar de vez en cuando que el cine es, y quiere seguir siendo, un arte además de un entretenimiento.

El director de cine que prefiero es Theo Angelopoulos, griego nacido en 1935, expulsado de la escuela de cine donde inició sus estudios porque desde entonces ya mostraba la poco tolerada vocación de ser auténtico, de ser él mismo. Angelopoulos ha muerto en enero de 2012, hace menos de una semana y quisiera recordarlo un poco.

No puedo describir su cine de una forma técnica apropiada, pero me aventuro a describir unos pocos rasgos. Era un cine de planos largos, que relatan con la imagen en una fotografía cuidada, donde la iluminación que difumina límites y el movimiento contribuye a la introspección. Angelopoulos siempre presentaba al ser humano en viaje, quizás metáfora de nuestro devenir incesante, de nuestra angustiante búsqueda de sentido y que él mismo justificada remitiéndose a su ser griego que lleva en la sangre viajar como el Ulises de Homero. Su escenografía característica carecía de rastros de vida, como de colores intensos, fuera de la vida humana, donde los árboles no tenían hojas y el aire pesaba cargado por una niebla de densidad variable.

Sus películas no hablaban de religión ni de Dios, pero inevitablemente nos ponían ante la pregunta por el absurdo de la vida humana, cuestión cuya respuesta pasa por Dios o lo sagrado, sea para negarlo o afirmarlo, pero que es imposible pasar por alto.

No he visto todas sus películas, pero de las que conozco prefiero “Paisaje en la niebla”, la historia de dos niños que parten en un extraño viaje en busca de su padre, que quizás sea la imagen de quienes buscamos a Dios en una época en que si no lo han matado parecen al menos haberlo hecho callar.

Se ha perdido un grande del cine, Angelopoulos mismo distinguía dos tipos de cine “el de prosa y el de verso”, situándose a sí mismo bajo la estela del segundo haciendo un cine poético


La mirada de Theo Angelopoulos (conferencia en Barcelona)

La mirada de Theo Angelopoulos por ziocarlos

lunes, junio 20, 2011

Seguridad ciudadana y responsabilidad del Estado

Estar seguro ha sido una preocupación frecuente y repetida a lo largo de la historia. Desde Aristóteles, que tenía la convicción que la seguridad sólo se encontraba al interior de la polis, hasta Hobbes, para quien el Estado debía tener el monopolio de la violencia como la única manera de evitar que los seres humanos, naturalmente agresivos y ambiciosos, termináramos por destruirnos.

La Cumbre de Seguridad Ciudadana de Santa Cruz se ocupa de tan enjundioso tema. Ciertamente sentirse inseguro en nuestras ciudades es cosa común para una buena parte de la población y cuestión que nos inquieta desde hace ya varios años. Pero, si terminamos confundiendo seguridad con pura y simple acción policial, terminaremos rozando la paranoia y no parece el camino más sensato.

El crecimiento de la criminalidad es fruto de una serie de factores que es imposible enumerar y tratar exhaustivamente en este espacio, intentaremos agruparlos, pues, de forma un tanto didáctica en: los que preceden al hecho criminal, aquellos que permiten la ejecución del crimen y finalmente los que vienen después de un delito.

Antes de un delito están las causas sociales y económicas que llevan a una persona a dedicarse a una vida delictuosa. Desde la pura y dura necesidad económica, que en nuestro país viene influenciada por un desempleo patente, aunque las estadísticas oficiales se empeñen en afirmar lo contrario. Para mostrar que el desempleo es mínimo, los técnicos terminan por contar como empleo incluso a los canillitas. Una manera de proveer seguridad ciudadana tiene que ser, por tanto, proveer también de seguridad laboral.

En el cometido mismo del delito, en evitarlo, está el desempeño de la policía como un factor esencial. Hemos visto recientemente, con los casos denunciados y sin sancionar todavía, cómo los llamados a combatir el crimen pueden ser sus principales favorecedores. Sin un cuerpo policial adecuadamente remunerado, cuestión imprescindible, y formado de manera profesional -que ponga énfasis no sólo en su capacidad represiva- será imposible que realmente pueda proteger a la población. Muestra de la incapacidad estatal para garantizar la seguridad de la gente está en la proliferación de los servicios de seguridad privados.

Finalmente, una vez el delito se ha cometido, nuestra obligación como sociedad pasa por castigar adecuadamente la falta según su gravedad, pero además rehabilitar. Esto implica un sistema judicial ágil y un programa penitenciario que permita la reintegración en sociedad de las personas en situación delictiva. Se trata de personas que han cometido delitos, pero que merecen la oportunidad de rehacerse. Nuestro sistema penitenciario, en cambio, favorece la mayor implicación criminal de los reos y no su rehabilitación. No hay mejor escuela de crimen que nuestras cárceles.

Limitar o reprimir el consumo de alcohol, y encima mostrar que este es un problema de los jóvenes, o atribuir todo este complejo problema a las películas o novelas, son muestras de cinismo demagógico o de una gran ignorancia respecto al tema.

No permitamos que se nos distraiga de la verdadera esencia del problema de seguridad ciudadana que es la existencia de un Estado que es débil cuando se trata de proteger al ciudadano pero fuerte y eficaz para proteger los intereses de los gobernantes. La solución, pues, pasará por el fortalecimiento democrático del Estado y el cumplimiento de sus deberes más allá de lo puramente represivo, aunque sea esto último lo que ha terminado por priorizar la citada cumbre.

Publicada originalment como Editorial en INFODECOM

sábado, junio 11, 2011

El síndrome del cooperante

En medicina se llama síndrome al conjunto de síntomas y signos del cuerpo que, cuando se los agrupa por afinidad, permite orientar el diagnóstico de una enfermedad. Son, pues, las pistas que nos conducen a caracterizar una patología.
El mundo de la cooperación solidaria tiene sus propias patologías que están más allá de la medicina, pero que podrían dar lugar a una disciplina que las sistematice. Ahora que existe una fiebre por el voluntariado, que los “cooperantes” proliferan en el primer mundo, se puede hacer el intento de describir lo que yo llamaría el síndrome del cooperante.


Una de las primeras manifestaciones de este síndrome es la autosuficiencia. El cooperante ha leído un par de artículos sobre la zona que visita, a veces ¡hasta un libro!, por lo tanto se siente con suficiente conocimiento de la problemática del subdesarrollo como para atreverse, nada más al llegar al país de destino, a  hacer juicios categóricos sobre alguna situación de injusticia en particular, juicios como…“es selección natural”.

Otra manifestación que aparece nada más a los días de llegar al país en donde desarrollará su “ardua labor”, aunque sumamente transitoria, es que parece haber descubierto casi todos los problemas y sus soluciones y llega a preguntarse, estupefacto por la súbita iluminación de su intelecto:  “si está tan claro ¿Cómo es posible que los demás no lo puedan ver?”

A seguir, como lógica consecuencia, está la labor proselitista a favor de sus clarividentes puntos de vista, tratando de mostrar el verdadero camino a los demás, sobre todo a los que tienen un compromiso de por vida con el lugar, sean los que se han quedado a vivir y trabajar ahí como a los que allí nacieron. Generalmente, el que lleva mucho tiempo o toda su vida allá, responde con gestos de discreto asentimiento para no dañar la autoestima del cooperante, pero como este percibe esa carga de condescendencia , su tercera afirmación es,  por ejemplo: “a los que pasan demasiado tiempo en el África se les cocina el cerebro”.

A partir de ahí el síndrome termina decantándose en tres posibilidades, un poco de acuerdo a si el tiempo de permanencia en la zona de cooperación es más o menos corta.

Primero, si el cooperante se queda corto tiempo, permanecerá con la imagen heroica que de sí mismo ha formado, figura a la que ahora puede añadir la de visionario de la solidaridad, incomprendido como todo genio.

Segundo, si la estancia es lo suficientemente larga, puede suceder que haya un verdadero proceso de autocrítica y análisis cuidadoso de la realidad que le permita saber que los cambios necesitan muchos, con frecuencia, muchísimos años.  Por tanto asume la opción de participar de ese proceso y quedarse o bien, cosa que no es menos valiosa, de prestar colaboración desde su propio país.

Una salida, la tercera,  también saludable, para quien asuma con madurez lo que sucede, sería que se preocupe por buscar quien puede hacer en un futuro los trabajos que él o ella hacía y considera prioritarios.

Quizás me toque escribir una segunda parte de este articulo, me advierte una buena amiga, y es la que nos sucede a unos cuantos voluntarios. querer volver.

Quienes somos de países necesitados de solidaridad, y la solemos agradecer, esperamos que las agencias que gestionan voluntariados se preocupen menos de captar adeptos que de formarlos.

Creo que es inevitable pasar por esto del “síndrome del cooperante”, pero conseguir que el voluntariado en el tercer mundo deje de ser solo “turismo de izquierda”  y pase a ser una experiencia de enriquecimiento humano, puede comenzar con un adecuado proceso de preparación y, por supuesto, de selección de l@s voluntari@s

jueves, mayo 19, 2011

Más allá de la izquierda y la derecha

La izquierda y derecha políticas terminan pareciéndose demasiado. A cierto prominente ideólogo del gobierno boliviano actual le pregunte un día cuál era la diferencia esencial entre ambas. No supo contestarme. Quizás la respuesta sea más complicada de lo esperado o demasiado simple para querer aceptarlo.  Pero el tema de esta nota no quiere entrar en el ámbito de las definiciones sino en lo que me ha dado a pensar la acusación por agresión sexual y detención de Dominique Strauss-Kahn.

El sujeto en cuestión es nada menos que el Director General del Fondo Monetario Internacional (FMI), es decir, el máximo responsable de esa institución que tantos dolores de cabeza ha dado y a más de un gobierno.

Los medios franceses, como es lógico, le han dedicado la porción más sustanciosa de sus espacios informativos y como yo me encuentro viviendo en un país del África francófona he tenido a mano lo que se ha dicho sobre el asunto. De todo rescato tres puntos de vista que son los que me han puesto a reflexionar.

El primero es una perla periodística de Radio Francia Internacional. El comentarista africano comenzaba por congratularse de la noticia, “ya era hora que el responsable del FMI fuera a la cárcel”, para luego caer en cuenta que la acusación no se refería a las terribles medidas que impone el FMI a los países del tercer mundo. Strauss-Kahn no está en prisión por dejar sin empleo a miles de africanos, ni por dejar sin acceso a salud o educación a otro tanto de  pobres. Estas cuestiones, decía el radialista, todavía no son delito. Y es cierto, los “delitos” del FMI se registran en los libros de estadística, no en los juzgados. 

La segunda le pertenece a la BBC que entrevistó al autor de una biografía de Strauss-Kahn.  Lo sorprendente de la entrevista era el orgullo con el que este escritor se refería a las dotes de seductor del socialista francés, su biografiado. Parecía degustar de la admiración de un líder que responde al prototipo del macho conquistador que se apodera del poder con la misma fruición y facilidad que de las damas.  Y yo, en mi ingenuidad, pensando que lo realmente valorable en el susodicho era su capacidad financiera; pero da la impresión que este elemento digamos “glamoroso” del personaje sigue teniendo peso en la opinión pública, se continúa admirando un aspecto tan primario como este.

La tercera no deja de ser una curiosidad, pero confirmada por varios medios de prensa. Resulta que este “buen hombre”, socialista luchador por la “egalité (igualdad), que era el casi seguro candidato de la izquierda francesa a la presidencia, pagaba la suite del hotel donde se hospedaba a razón de 3000 euros cada noche. La verdad sea dicha, si así es el paraíso socialista que nos proponen, yo me apunto. ¿Se imaginan un mundo donde todos, podamos gastarnos esa friolera de dinero en una noche y cada noche y por siempre?  Ahora bien, hace falta ser sinvergüenza para andar pidiendo austeridad a los gobiernos de países pobres mientras él vive en el derroche.

Las acusaciones contra este personaje tendrán que probarse, no es eso lo que me preocupa, pues ese es un tema de delitos y del tipo sexual que son muy delicados. Lo que de verdad asusta es que la frivolidad moral sea la misma más acá o más allá de la izquierda y la derecha.

Imagen tomada de Quebrantando conciencias.

jueves, marzo 17, 2011

El lugar de la Iglesia

Marcos Recolons* dio –el viernes pasado—una conferencia sobre los retos de la Compañía de Jesús (los jesuitas) en el siglo XXI. Comenzó, como buen orador, situando el contexto en que nos hallamos: el fin de un modelo de Iglesia.

Un modelo que se caracterizaría principalmente por su carácter oficial, el ser la religión del Estado. Lo que ha ocurrido desde el emperador romano Constantino hasta, digamos, nada más ayer en el tiempo.

Pero ¿bastaría no ser oficial, no estar respaldada por el Estado para significar un avance o una mejora? Puede que en parte sí,  en el sentido de no tener como mediador los mecanismos coercitivos del Estado, explícitos o implícitos, como ya el mismo Francisco Xavier había notado en la India colonizada del siglo XVI. Pero tampoco es suficiente razón que garantice que será una mejor Iglesia.

Pero, siguiendo la línea de Recolons, hace falta que la Iglesia aprenda a situarse en este contexto novedoso. Completamente inédito en Bolivia, con algo más de historia en otros sitios geográficos como Europa. La Católica no es y probablemente ya nunca será la religión mayoritaria, todo y que la religión no parece que vaya a desaparecer, como a algunos talibanes de un laicicismo recalcitrante les gustaría.

Recolons señalaba tres rasgos a cumplirse en la misión de los jesuitas: Profundidad versus superficialidad, atender lo esencial frente a lo secundario y una perspectiva universal que nos saque de localismos para atender las reales necesidades donde se presenten. Rasgos generales que bien valdrían también para la misión de la Iglesia. Pero que tampoco sirven para redefinir de forma completa el marco de relación entre la Iglesia y la sociedad.

Creo que lo que caracterizará a la Iglesia y de manera fundamental, unas veces por sincera vocación y otras porque la realidad nos lo impondrá, es una actitud de humildad. Ya no somos una fuente inequívoca de orientación -por ejemplo moral- sino una voz más que deberá aprender a dialogar, esto es, ya no sólo decir o dictar sino fundamentalmente formarse en el arte de escuchar.

*Marcos Recolons (Barcelona, 1942) ha desarrollado la mayor parte de su labor en Bolivia, donde ha trabajado principalmente en la promoción social campesina-indígena. Entró en la Compañía en 1959 en Raimat (Lleida) y estudió Filosofía y Teología en Sant Cugat. Completó sus estudios de Teología en Cochabamba (Bolivia). En 1971 fue ordenado sacerdote en Barcelona. Entre 1976 y 1991 trabajó en Charagua y La Paz, dirigiendo el CIPCA (Centro de Investigación y Promoción del Campesinado). De 1993 a 1999 fue Provincial de Bolivia y de 2000 a 2004 trabajó en Cochabamba. Ha realizado estudios especializados en antropología guaraní y habla quechua. Desde 2004 era Asistente Regional de América Latina en la Curia de la Compañía de Jesús en Roma; cargo para el que ha sido reelegido.

jueves, febrero 17, 2011

El vandalismo como propuesta

Tal parece que el flamante pacto social que prometía el nuevo régimen, y que muchos habíamos saludado con esperanza, ha terminado siendo un nuevo fracaso. La falla no se la puede atribuir sólo a este gobierno, sino que tiene raíces más profundas en una larga historia de abuso de la protesta violenta como medio de conseguir reivindicaciones diversas de distintos sectores de la sociedad y en la ausencia o extrema debilidad de los mecanismos estatales que debieran preservar un mínimo orden.


Los actos vandálicos y revanchistas que enfrentan un sector de la sociedad con otro, son posibles únicamente con la inoperancia del Estado para establecer bases de una convivencia civilizada. Sean transportistas en sus exabruptos o cocaleros o quien fuera, es indignante que su derecho a propuesta y reclamos se conviertan en viles agresiones.

¿Las causas? Sin pretender una exhaustividad necesaria, la que dejamos a los expertos, van desde la ausencia efectiva de un Estado, cuyo deber tendría que ser cuidar los intereses del ciudadano; hasta la llamada falta de cultura democrática de la gente.

El gobierno, este y los anteriores, se acostumbraron al laissez faire (dejar hacer). Los  administradores de turno del aparato estatal se han conformado con cuidar sus intereses, aparentemente ajenos a los de la ciudadanía, usufructuar el poder y utilizar los mecanismos ordenadores sólo cuando sus intereses sectarios se ven afectados.

Se esperaría que los delincuentes que atacan, so pretexto de sus reivindicaciones, y destrozan bienes ajenos sean juzgados y castigados de manera drástica y radical. Parece no quedar otra salida.

Cuando creíamos que había llegado un nuevo tiempo, y confiábamos que el gran poder del actual gobierno, demostrado en varios casos, sería un buen punto de partida para poner cierto orden social, considerábamos como mínimo que nos ofrezca seguridad. 

El ciudadano no quiere que se demuestre celeridad solamente en los casos que políticamente convienen al gobierno, quiere que se muestre que tiene un gobierno que garantice unas condiciones mínimas que nos protejan de las masas enardecidas, embravecidas e irracionales. Queremos sentirnos seguros que la violencia injusta sea frenada con los mecanismos legales que están previstos.

Porque los destrozos en la FEJUVE y la sede de Fabriles en Cochabamba pueden ser sólo un aviso de que el caos termine por hacerse normal y deje de indignar. Será entonces que como ciudadanía habremos renunciado al carácter moral que nos hace amos del país y no sirvientes del Estado. 

Habremos regresado a un panorama hobbesiano. Habremos aceptado que la única manera de hacer propuestas es desde la bestialidad vandálica.Si el Estado deja de cumplir su rol, en realidad uno de sus roles,  para con la ciudadanía, habrá dejado de tener sentido, habrá perdido su razón de ser.

jueves, febrero 03, 2011

Cinco razones (falsas) para discriminar a un niño gay

1.       El llamado movimiento gay está impulsando un lavado de cerebros en la sociedad, sobre todo en los niños que son un sector sensible,  y que apunta a fijar estándares de comportamiento sexual muy cuestionables.  Ganar adeptos a su tendencia sexual, en suma.
a.       Como si la homosexualidad se contagiara o pudiera enseñarse. Tal como si se pudiera transmitir el ser zurdo a fuerza de explicaciones repetidas.
2.       La presión social puede obligar a un niño con esa tendencia a corregirse y buscar una curación.
a.       Las estadísticas muestran que un niño gay tiene 6 veces (¡600%!)  más posibilidades de suicidarse que un hermano suyo que fuera heterosexual
b.      El 70% de los niños gay sufren acoso escolar, 41% son golpeados y  17% son amenazados de muerte en algún momento.
c.       ¿Es legítimo favorecer esta discriminación? ¿No sería moralmente más correcto, por un mínimo de decencia, que estos niños se pudieran sentir seguros?
3.   La homosexualidad es el  antecedente de la pederastia.
a.       Mientras la primera -la homosexualidad- es una tendencia sexual que elige su pareja en adultos, que son capaces mental y legalmente de consentimiento; la segunda –la pederastia— es una patología y un delito tan grave y desgraciadamente frecuente como el abuso sexual de niños y niñas en general.
4.    La homosexualidad es una desviación de la “normalidad” y como tal debería ser presentada en los planes educativos.
a.       Una forma de evitar la discriminación y sobre todo sus manifestaciones violentas, sería su inclusión en la educación, van algunos ejemplos:
                                                               i.      Señalar a tantos homosexuales que además fueron figuras históricas importantes (Miguel Ángel, Alan Turing, Federico García Lorca, ¿el cardenal  John Henry Newman?, etc.),
                                                             ii.      Enseñar en matemáticas, al hablar de su aplicación en estadística demográfica, el porcentaje de la población que es homosexual, y la manera de calcularlo.
                                                            iii.      En biología, mostrar los casos de homosexualidad del mundo animal y las diferencias biológicas (genotípicas y fenotípicas) que caracterizan al homosexual, y que tienen sustento en numerosas investigaciones cientificas serias.
5.        Las religiones, en general, desaprueban el comportamiento homosexual.
a.       Son las mismas religiones que tienen escrito y mandado, por ejemplo, el sometimiento completo de la mujer al marido o lapidar hasta la muerte a una adúltera. Religiones que han sabido adaptar sus “mandatos” al progreso moral de la humanidad y dejar de lado aquello que resulta anacrónico, cuando no inmoral.