martes, junio 23, 2009

Pueblo vs. ciudadanía

A pesar de que pueblo es un concepto premoderno, es sorprendente comprobar su vitalidad en la esfera de la opinión pública o política, ni siquiera connotados analistas se salvan del uso abusivo del término. Es la voluntad del pueblo, el pueblo es soberano, consulta popular son algunas de las muchas expresiones que oímos o leemos a diario. Preocupante indicador de que nuestra actualidad tenga mucho más rasgos del ancient régime de los que desearíamos.

Pueblo es un término que, por lo menos desde un punto de vista ético, tiene implicaciones reñidas con el concepto de ciudadanía. Mientras ser ciudadano denota ejercicio de derechos, y no es una concesión benévola del gobernante de turno, ser pueblo implica mendigar un favor de alguien que se encuentra en una posición de autoridad mayor que la propia.

La concepción de ciudadanía como distinta a pueblo, por lo tanto, tiene como requisito entender al gobernante o autoridad como servidor público, por esto es preocupante que en el léxico cotidiano de la realidad boliviana, incluso en el que se supone "intelectual", se vaya imponiendo el uso intercambiable de pueblo y ciudadano. Esto traduce el terrible estado en el que se encuentra nuestra autoconcepción más dirigida a sentirnos pueblo, por lo tanto servidumbre, que ciudadanos, sujetos de derechos, capaces de exigirlos y de hacerlos respetar.

La dignidad de las personas necesita, por ello, deshacerse de la pesada herencia que nos hace pensar que el gobernante es un privilegiado. Deberíamos comenzar ya a convencernos que ejercer nuestros derechos lleva implícita la exigencia de reubicar la función de gobierno en la esfera del servicio a la ciudadanía, la que se hace efectiva en la esfera de los derechos, no de los caprichos ni de las dádivas.

lunes, marzo 23, 2009

El placer de leer

Llegué a Memorias de Adriano, después de menospreciar, ignorante de mí, a las mujeres como escritoras. Creía que, fuera del folletín, era imposible que produjeran algo mejor o más cerca de mis supuestas exigentes expectativas.


Mi espectro literario entonces se hallaba cubierto por el boom latinoamericano de izquierda, y no encontraba cabida ni siquiera para Borges, mirado con sospecha desde quienes nos sentíamos en el deber pueril de cumplir con un compromiso político incluso en lo estético.

Pero, como muchas de las cosas inesperadas, las buenas y las malas, el impacto de leer a Marguerite Yourcenar (1903-1987) fue avasallador y desde entonces no encuentro prosa que me haya seducido tanto como la suya, confieso que no me he aventurado en su poesía. Ahora es la tercera vez que me encuentro con Memorias de Adriano, y es como si nunca antes hubiera leído uno de sus párrafos.

El descubrimiento es quizás más maduro, o será simplemente una vez más de tantas por las que uno pasa, y que son comunes en los temperamentos que guardan restos de pubertad, y que típicamente consideran las ideas o concepciones poseídas en el momento presente como si fueran ya definitivas.

Así disfruto ahora de esta novela, como si fuera la primera vez que la leo y como si, al mismo tiempo, fuera la última e insuperable manera de hacerlo.

Encontrar tanto deleite en la unión de palabras, que separadas no me dicen nada, pero que unidas de esta particular manera provocan sentimientos e ideas, imágenes y melodías, sigue siendo para mí motivo de admiración por el oficio de escribir.

La historia de un hombre que sabe que va a morir, con la certeza de la proximidad y no con la meditada distancia del filósofo, o la fria cientificidad del médico, deja joyas del arte de la reflexión, de entre las cuales escojo, para terminar, la siguiente:

“...he llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada.”


Imagen tomada de Bitácora de Naufragios

miércoles, marzo 11, 2009

¿Primero vinieron por Cárdenas?

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista


Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.




(espero sinceramente que lo sucedido a Víctor Hugo Cárdenas, asaltaron su casa y la "expropiaron", no tuviera nada que ver con estas palabras o poema de Niemöller)

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jueves, febrero 05, 2009

¿Qué es la voluntad popular?

Cuando se quiere legitimar una determinada posición política suele apelarse al recurso de la “voluntad del pueblo”. Esta frase, repetida innumerables veces en diferentes coyunturas y desde las más incompatibles posiciones, suele ser esgrimida como si de un argumento irrebatible se tratara.

Pero, ¿qué es la voluntad popular? Por una parte, se supone –en la democracia que conocemos— que ella se expresa aritméticamente por la mayoría en votos de una determinada opción a elegir. ¿Debemos asumir que la voluntad de los más es siempre la voluntad del pueblo?

Otros dicen, convencidos, que la voluntad popular se manifiesta a través de las “organizaciones sociales”, sustituto posmoderno del ya desusado “proletariado”. Son estas agrupaciones, que tienen en común su insatisfacción con “el sistema”, sin aclarar a qué sistema se refieren, las que pretenden ser portavoces de los intereses de la humanidad. ¿Debemos creer entonces que, por el hecho de ser opuestas o críticas al sistema son, en consecuencia, la voluntad popular?

Si nos detenemos en las dos partes de la expresión podemos tener una pista más. Voluntad quiere decir la capacidad de desear, voluntad es simplemente querer algo. Popular, el genitivo “del pueblo”, señala de quién es la voluntad, enunciando que se trata de ese ente abstracto llamado pueblo. Pero ninguna de las dos partes muestra que aquello que el pueblo desea, sea correcto o bueno. ¿Será que basta con que se desee, así quien desee sea mayoría o se halle insatisfecha y sea crítica, para que lo deseado se convierta automáticamente en bueno?

A la pregunta del título yo respondería con otra pregunta, porque aunque pudiéramos ponernos de acuerdo en quién o qué es el pueblo y lleguemos a convenir en qué es lo que ese pueblo quiere, queda una cuestión más importante ¿Es la voluntad popular una buena voluntad?

*Imagen tomada de: Un rincón para la desvariación


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jueves, enero 22, 2009

Por qué votare no

Votaré no, por razones referidas al pasado, presente y futuro del Proyecto de Nueva constitución Política del Estado.

Por el pasado, porque esta constitución se ha elaborado casi sin deliberación y se ha aprobado en ausencia completa de un debate que era imprescindible, por la importancia de este texto. Además por haberse modificado en el parlamento, de forma ilegal y siguiendo la tradición de contubernios partidistas.

Por el presente, porque de la lectura del texto se concluye, cito dos aspectos. Primero, que a nivel de derechos se constitucionaliza la discriminación positiva, una medida que debería ser transitoria, y que al hacerse permanente termina siendo pura y simple discriminación. Segundo, porque la economía pasa a depender, casi por completo, del Estado; lo que implica una subordinación a intereses políticos del grupo que se halle en el ejercicio del poder. Y de esto tenemos larga y lamentable experiencia en el país.

Por el futuro, porque son varios los rasgos del actual régimen que lo sitúan en la estela de disolución de la institucionalidad democrática. Y esta constitución, al concentrar el poder, facilitará emprender una vía con rasgos autoritarios.

Finalmente, me adhiero a lo que Fernando Molina dice: “…pensar en panaceas e iniciar etapas históricas radicalmente distintas de las anteriores es una recurrente forma de evasión de los bolivianos, a fin de conjurar la miseria de nuestras condiciones de vida”.


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miércoles, enero 21, 2009

Aborto y constitución

Se ha dicho que el Proyecto de Nueva Constitución Política del Estado, al no especificar que el derecho a la vida se adquiere desde el momento mismo de la concepción, dejaría una vía expedita para liberalizar la práctica del aborto provocado. No obstante, detengámonos a revisar el texto en las partes que se refieren al tema.

"Toda persona tiene derecho a la vida…", dice la primera parte del artículo 15 del proyecto de Nueva Constitución. Define que la persona es la que tiene ese derecho, pero no aclara quién es persona, a quién se puede atribuir este carácter personal.

Por consiguiente, en el caso del aborto, la cuestión reside en si el embrión o el feto (uso ambos términos indistintamente) es o no persona. Afirmar o negar su carácter de persona significa sostener o rechazar su derecho a vivir.

Para aclarar la interpretación, no hay que buscar mucho. En un artículo arriba del citado, la Constitución define que "Todo ser humano tiene personalidad…", esto es que todo aquel que pueda considerarse un "ser humano" tiene como una de sus cualidades el ser persona.

Lo que nos lleva a examinar si el feto es o no "ser humano". La pertenencia a la especie humana, es fácilmente demostrable; desde un punto de vista biológico en el momento en que espermatozoide y óvulo humanos se unen, constituyen a un organismo de dicha especie. Su carácter humano desde la concepción, puede demostrarse de forma más abundante, pero creo que no necesita mayor insistencia.

Ahora bien, ¿es el feto un ser?; la otra característica exigida por la constitución. En tanto que organismo, además vivo, lo es. Contrario a nada, el feto está y es. No creo encontrar a quien sostenga que el feto sea nada, es decir, que no sea.

Por lo tanto si seguimos el razonamiento de la Constitución, en mi interpretación, el feto y el embrión al poder considerarse ser humanos tienen el derecho a la personalidad, a ser considerado persona (art. 14), de lo que se sigue que en tanto persona tiene el derecho a la vida, atribuido a "Toda persona…" (art. 15).

Este derecho a la vida tiene además las características de "inviolable, universal, interdependiente, indivisible y progresivo" (art. 13)

Por lo tanto, el aborto estaría constitucionalmente proscrito como violación de un derecho fundamental, dado que el embrión es un ser humano, y en tanto que ser humano tiene derecho a la vida.

Esto no agota, ni de lejos, el debate posible y necesario en torno al aborto. Es simplemente un esbozo de interpretación circunscrito al texto de la Nueva Constitución, en lo referido a un tema que despierta sensibilidades encontradas y genera, con frecuencia, ásperas controversias.

jueves, enero 15, 2009

El futuro de la religión

Es practicamente inevitable que preguntarse por el futuro de la religión lleve implícita la cuestión sobre si la religión tiene futuro. Asumiendo esto, la pregunta, o preguntas, va en el contexto del actual texto de la Constitución. (en Bolivia estamos a punto de votar sobre una nueva Constitución)

Que el artículo 4º señale la independencia del Estado respecto de la religión, no puede, o no debería, interpretarse como que deba prescindir de toda consideración religiosa. El tema estará en qué parte de lo religioso debe asumir el Estado.

En primer lugar, y esto lo reconoce el texto constitucional, todas las personas tienen el derecho a profesar una religión. Esto implica asumir que tales personas tendrán, conciente o inconcientemente, una serie de valores inspirados en su religión.

En segundo lugar, que tales valores merecen respeto en toda deliberación pública y, por supuesto, en la que debe preceder a la futura reglamentación de la Constitución.

En tercer lugar, la educación religiosa debería estar garantizada por el Estado. Conjugar la diversidad de creencias con la enseñanza religiosa puede ser conflictivo pero no insuperable. Formar un profesorado de religión, católica en nuestro caso, que se halle a la altura del desafío, es labor que debería ser encarada con seriedad y planificada con detenimiento y responsabilidad.

La religión tendrá un futuro menos conflictivo en nuestra sociedad, siempre y cuando la deliberación pública no excluya premeditadamente las consideraciones religiosas. Es ese diálogo o debate, para el que debemos estar adecuadamente preparados.

Leer la Nueva Constitución